Hace unos años comencé una serie de conversaciones con mi tío Josemari. Durante casi 50 años tuvo esquizofrenia y, a pesar de la cercanía, era casi un desconocido para mí.
Era muy complicado hablar con mi tío, pero curiosamente, en las entrevistas que hice para el documental, se mostró bastante locuaz… dentro de su estilo. Grabé también mi madre (su hermana), hablé con distintos especialistas que lo habían tratado, hice distintos montajes, pero nunca logré terminarlo. Poco después falleció y con la distancia volví a ver y editar el material grabado, eliminando prácticamente todo lo que no fuese mi tío hablando o haciendo algunas de sus escasas actividades. El resultado es el retrato de una persona enferma que, al final de su vida, intenta mirar hacia atrás y comprender qué ha sucedido. Hay en él un profundo extrañamiento, no solo del mundo que le rodea, sino de sí mismo.